Sarya

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domingo, 7 de diciembre de 2014

Calor

El tejido se arruga en mi espalda y unos labios húmedos recorren mi costado.
Calor. 
Calor entre mis piernas sujetas por tus hombros. 
Mi espalda trepa por la tela como una mano pendiente del vacío.
Mi espalda se corva. Late mi piel. 
Vibran mis caderas al sentido del ritmo que tú marcas. 
Remolino en mi estómago que sube y estira mi garganta. 
Siento tu calor, tu fuerza. 

"Más... Necesito más..."

Sofocada exhalo tras perder la respiración. Tu mano en mi cuello. En mi boca. 
La sangre bombea, late. Desde mis pies a mis oídos. 
Solo soy latidos entre convulsiones y unos dedos enredados en tu pelo. 
Recupero el aliento. 

Me asfixio. Me liberas. 
Te siento, siento tus movimientos, tu mirada.
Siento mi pecho agitado, tus manos tocando la mejor obra de piano de la historia. 
Ágil, fuerte, duro. Más duro. 
Intento cerrar mis piernas. 
Te siento sonreír. 
Un gemido desde lo más profundo de mi garganta sale despedido hacia el vacío. 

Bajo la mirada. Esos ojos que me miran aún hambrientos. 
Tu sonrisa baja, y se hunde en mi. 
Mis manos se agarran a la tela y me cuerpo se arquea. 

"No pares por favor..." 

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