Sarya

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martes, 12 de octubre de 2010

Ilusión de hielo

Cerré los ojos. La ventisca los hacía llorar lágrimas heladas. Moví uno de los pies posándolo con gran esfuerzo en el hielo. Los clavos ya no funcionaban pero con suerte nos acercábamos a la nieve, muy compacta pero algo más blanda.

Fue entonces cuando levanté la vista, y ante mis ojos cegados  se levantaba un muro de hielo. Hielo de tonos arcoíris. Rosas, naranjas, azules, verdes, amarillos, violetas..

Quise quedarme a contemplarlo, cegándome la escasa luz que brillaba en los témpanos, pero el cielo estaba cubierto de nubes que se aproximaban a nuestra posición y el sol iba cayendo a nuestras espaldas y nuestras sombras cada vez avanzaban más que nosotros.

Bordeamos el muro, la pendiente era mortal. Los piolets nos ayudaban, pero nuestro cansancio y estado físico, no. Cada vez el sol se ponía más bajo y más rojo. Bermellón. Solo levanté  la vista del suelo una vez. Por encima del gran muro. La ventisca sonaba entre los recovecos del glaciar. Y allí estaba.
La ciudad de mis sueños, de la paz, de la felicidad, de la naturaleza. Edificios de cal, níveos, culminados con esas cúpulas, doradas, que brillaban con los últimos atisbos de luz solar, y las azules, escasas, estaban ahí solo para llamar la atención, o eso parecían. Solo cambiaba la tonalidad las verdes sombras que se distinguían a lo lejos.

Mi compañero era el único que percibía el paisaje de una manera objetiva. Era el único que veía lo que yo no quería ver. La realidad oculta de mi ciudad idílica. Un castillo del horror y la tortura se alzaba tras esos muros. Oscuras aristas declaraban la guerra al intruso. Mi compañero se frenó en seco, le miré, y él, al ver mi cara de inocente e iluso niño encerrado en mi cuerpo algo mayor, solo supo mirar al suelo y seguir hacia a delante.  Sabiendo de su futuro. Sabiendo del sufrimiento.


1 comentario:

Voldarkgil dijo...

Y una vez más, nos sorprendes con una de tus magníficas obras creadas por esa inspiración divina.
La manera que tienes de utilizar los adjetivos y de elegir los sustantivos correctos crean una armonía sonora que enganchan al lector.
La canción de Amelie (creo que se escribe así) le da más credibilidad y ayuda a recrear ese mundo frío, congelado.
Esta es sin duda otra de tus obras que copio y pego para inmortalizarlo.