Sarya

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domingo, 25 de julio de 2010

Grito

Me quedo sola con el calor de mis cascos, abandonada en mi cama, aplastando lágrimas contra la almohada. Golpeo con mi puño cerrado el colchón, y rebota, mientras maldigo mentalmente cada vez que me equivoco.
Los errores son humanos, pero no quiere decir que se perdonen u olviden. No perdono mis errores y siempre los tengo presentes.
Grito, con todas mis fuerzas, ahogando el sonido de mi garganta contra la tela de mi almohada.
Grito, intentando desgarrar mi pecho y mi garganta, arrastrando las puñaladas clavadas en mi estómago que pasan junto a mi corazón rajándolo, dividiéndolo y despedazándolo.
Grito, entre mis dientes que atrapan la tela, tela mojada por mis ojos cerrados como mis puños.
Grito, clamando al cielo por mi alma, mi alma rota que no volverá a ser la misma, que reclamará deseos de vidas anteriores.
Grito, para vaciar mi mente con el viento que expulso, porque lo que más necesito ahora es pensar con calridad.
Grito, como las voces agónicas que resuenan en mis oídos a través de un cable, que parecen sentir más dolor que nadie.
Grito, lo que ante ti cayo, lo que nunca te dije, lo que nunca te diré.
Grito, palabras que poco a poco se verán en un susurro que recorrerá el mundo hasta encontrar tus oídos y pedirte perdón, para hablarte, para que sepas que sigo aquí, esperándote sonriendo, agónicamente.
Paré de gritar. Parece que la almohada a ahogado algo más que el sonido, ha ahogado mi consciencia, gracias. Doy gracias porque ahora mi cuerpo descansa incosciente, y mi corazón se ha relajado, yendo al ritmo de las aspas del ventilador que suena sobre mí, mis músculos se han relajado, y espero aquí a que me devuelvas mi consciencia.



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