Donde terminan los caminos, los senderos y las vías. Donde caen los barrancos, acantilados y pendientes. Donde la voz se apaga y se hace eco. Donde la luz se apaga y nace, y nace la sombra. Las huellas se pierden y el rumbo cambia, el esputo caído a ambos lados del camino, siendo prueba y testigo del esfuerzo del caminante. Sol que tortura la piel y las sienes hasta que el dolor te hace gritar. Busca tú, determinado por tus ideas, una ruta alternativa por la que el sol, la deshidratación y la anemia os permita, a cuerpo y mente, encontrar vuestro destino. Alienados de la urbe, la mente tenéis dopada de sustancias que el estrés os provoca y que, y lo sabéis realmente, no queréis evitar. Disfrutáis de ello, igual que lo hago yo. El tacto suave y frío del metal y el punzante sonido de el tac del minutero del reloj os estimulan. Una calada más al cigarro, tan efusiva que llega hasta los intestinos, para aliviar el dolor que os inflige la dura vida de la ciudad, de lo cosmopo...
Somos manchas disgregadas por un plano gris, una obra de Jason Pollock aun sin acabar, soñamos con un país utópico, pero se vive muy cómodo aquí. Dos veces es el mínimo que repetirás tus actos. Se consciente, asúmelo, no lo cambies, solo se consecuente. No somos humanos. Ni personas. Ni seres. Somos esa masa uniforme de la que salen voces a coro diciendo que nadie se siente como yo. No somos únicos. No somos nada. Autómatas. Inconscientes decimos. Personalidad es una palabra inventada de ciencia ficción. Gira sobre si misma tu idea, negándose, afirmándose. La vida dicen que es propia, que las experiencias y sentimientos también. Pero acaba igual. Todos tienen vicios, placeres, necesidades y obligaciones. Todos. Sueños. Esperanzas. Todos. Pero yo, me siento sola. Me siento atrapada entre ríos de autómatas que se cruzan, sin mirarte. Sin hablar. Y huir. Pero siempre habrá alguien que se sienta como yo.
Me revuelco entre mis sentimientos de colores, entre mis tintas tristes y mis acuarelas del recuerdo. Pinto mil sonrisas de acrílico, que parecen de acuarela, que con las lágrimas se marchan. La realidad la veo en grafito, los sueños a pastel. Esbozo tu personalidad a carboncillo sabiendo que me equivocaré en algún trazo. Quiero pintar con manchas borrosas los recuerdos de aquella tarde, con ceras que manchen, con cuchillas que raspen, rajen, y perfilen. Pero quisiera guardar mis momentos al óleo, teniendo mil lienzos en blanco para plasmarlos todos. Llevo muchos. Pero ninguno se ha secado aún del todo. Vivirán por siempre, conmigo.
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