Intento recordar algo, algo sin más. Abro los ojos con dificultad y me doy cuenta de que algo me pesa en la espalda. Me giro y veo algo blanco, que se mueve, que se mueve a mi voluntad. Un momento, son dos. Espera, tienen plumas. ¡¿Porqué tengo alas?! No me da tiempo a pensar más. Oigo algo caer a la tierra que piso, miro al cielo y veo algo caer, sangrante, una gota de sangre me golpea en la nariz. Abro mis alas y vuelo hacia ti, sin saber aún muy bien como hacerlo. Cuando aún solo he subido un par de metros ya te tengo en mis brazos. No estoy acostumbrada a tu peso, caigo casi dos metros y desciendo lentamente con tu cuerpo desnudo empapado en sangre hasta tocar suelo. “¿Qué te ha pasado?” te pregunto inocente, sin advertir tus heridas en la espalda. “Sólo fui generoso con algunas personas y mis alas fueron cortadas para dárselas a ellas”. Yo, tan lúcida como siempre pregunté “Entonces… ¿eres un ángel?”, “un angel caído me temo” respondiste con una media sonrisa. Tras un lar...
Donde terminan los caminos, los senderos y las vías. Donde caen los barrancos, acantilados y pendientes. Donde la voz se apaga y se hace eco. Donde la luz se apaga y nace, y nace la sombra. Las huellas se pierden y el rumbo cambia, el esputo caído a ambos lados del camino, siendo prueba y testigo del esfuerzo del caminante. Sol que tortura la piel y las sienes hasta que el dolor te hace gritar. Busca tú, determinado por tus ideas, una ruta alternativa por la que el sol, la deshidratación y la anemia os permita, a cuerpo y mente, encontrar vuestro destino. Alienados de la urbe, la mente tenéis dopada de sustancias que el estrés os provoca y que, y lo sabéis realmente, no queréis evitar. Disfrutáis de ello, igual que lo hago yo. El tacto suave y frío del metal y el punzante sonido de el tac del minutero del reloj os estimulan. Una calada más al cigarro, tan efusiva que llega hasta los intestinos, para aliviar el dolor que os inflige la dura vida de la ciudad, de lo cosmopo...
Levantar la rodilla del suelo Tragar la saliva guardada bajo la lengua Sabor a metal Mirar al cielo y sentir Sentir el tránsito de la lluvia desde el cielo a la tierra Seguir apretando la mandíbula Pero seguir. Cierra los ojos El estallar de las gotas en el rostro Sentir como después del estallido sigue suave Deslizando Pero sigue. Abre los ojos Sintiendo la mano en el pecho Pero no en la espalda No en el hombro. Sigues aquí, sientes Sigues aquí Sigues Sí
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