Sarya

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sábado, 6 de julio de 2013

Volver

Versan los antiguos textos de que las lágrimas curan, que la vida sigue y la sonrisa te hace más bella.
Relatan vidas utópicas y metas imposibles, que tildan de improbables.
Cantan las horas, porque el tiempo vuela y nunca se podrá recuperar.
Exprime, aquí en mi boca, la esencia de la vida, o mátame.
Dame, a través de los poros de mi piel, los aromas que me hacen viajar.
Y yo, crédula o escéptica, creo en todo y nada de todos estos sueños.
Cabizbaja y sumisa ante sus ojos, orgullosa y manipuladora ante los míos, baraja completa rozando los puños de la camisa.
Trazas de cariño huyen entre mis dedos, mientras la nube de responsabilidades , promesas, horarios, gritos y malas caras se ancla a mi.
Quiero huir, lejos de sus futuras decepciones, de su obsesión de perfección,de la gente, de todo.
Pero volver. Volver para arreglarlo todo, para salir de esta espiral, volver sabiendo quien soy yo.
Volver.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Trastocando cráneos deformados



Tanto tiempo, para mí, compartido con todo mi ser contigo.  Sonriendo por dos, llorando por dos, viviendo por dos.

Apareciste para trastocar una mente de un cráneo deformado por la ira que lo contiene. Romper esquemas, desordenar toda organización caótica, soplar todo castillo de cartas. Yo, que soy de no construir murallas en mi mente de romper barreras a martillazos… derruiste hasta las ruinas de mis límites y separaciones mentales.

Tú, con tu macuto cargado de mis primeras mil y una veces. Tu macuto, cargado de mis sonrisas sinceras. Tu macuto, con mis torpes y burdos intentos de hacerte sentir lo que tú me haces sentir a mí. Mi felicidad, y mi certeza de que todo tiene un punto. Un punto y coma, un punto y aparte, puntos suspensivos  y un punto y final.

Y yo. Y mi manía de intentar convertirlo todo en comas.

Un punto siempre separa dos historias, y me alegra ver que sigues en este lado del punto. Me alegra saber que te sigo haciendo sonreír de vez en cuando, y yo, sigo siendo feliz, pero sin depender que tus dedos cuelguen mis comisuras.

Y si, lo que late aquí, sigue marcando la acentuación llana de tu nombre, clamando tus labios y corriendo a abrazarte.

Si, hablo de ti, y sea como fuere que vengas a mi lado, siempre serás bien recibida, con una sonrisa en la chistera para sacártela cuando menos lo esperes.