Sarya

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lunes, 19 de abril de 2010

A mi condenada falta de expresividad

Hoy he recordado lo que significan las personas para mi,
no cualquier persona, sino las que conozco y puedo
afirmar completamente que se pueden considerar personas,
personas de verdad, que de verdad me llenan, que me
aportan y dejan una huella en mi que será difícil de
borrar.

Antiguos amores que nunca fueron correspondidos,
amigos nuevos que traen un sabor amargo pero que
intentan quitarlo con su dulzura, y a veces lo consiguen.
Abrazos que nunca dí y deseé dar con todas mis fuerzas,
te quieros que nunca dije, conversaciones a media noche
sin terminar, noches colgada del auricular, y tardes en
el parque con risas congeladas.
Otro amigos no tan nuevos pero que son mi vida, mi
ilusión, mi sonrisa de todos los dias, la palma en mi
hombro, el pañuelo que seca. Mis temas de conversación,
sobre la vida, la política y otros muchos temas banales,
mis esperas en una estación de tren, mirando el reloj,
mis citas célebres, mis nombres más nombrados, mis humos
aspirados, mis sonrisas con sabor a café, el amarillear
de mis libros de texto, las promesas por cumplir, los
secretos que guardar, los secretos confesbles, las medias
sonrisas y silencios nada incómodos porque van seguidos
de risas sonoras. Las tonterías sin sentido, mi retorno
a mi niñez sin exprimir, vuestros besos, abrazos y
palabras que nunca serán míos, pero que guardaré hasta
que volvais a buscarlos, y devolveroslos, igual que
me los ofrecísteis, sin esperar nada a cambio.

A familiares que están ahí o que están y que no pueden
estarlo, familia que hecho de menos y cuya sonrisa me
queda como recuerdo, familia que no está cerca, pero
está más presente que otras más cercanas, familia que
veo, amo y aprecio cada día, aunque la pereza me venza,
familia que vive cerca y veo menos de lo que me gustaría.

A todas mis personas, que hacen que merezca la pena esta
vida, que son mi ilusión, mi vida y mi sonrisa diaria,
quisiera darles todo lo que se merecen y más, pero mi
cuerpo no me deja expresarlo, y pido a esas personas que
me perdonen por ello, pero aún no he aprendido a hacerlo.

viernes, 9 de abril de 2010

Saturación Mental

Una habitación sin luz, una ventana minúscula en una de las paredes, tan alta que nunca conseguiría asomarme por ella. Ésa es mi realidad, cuatro paredes arañadas de sufrimiento y dolor. Escaso metro y medio que recorro en segundos, que no me permite librarme de la atrofia muscular que padezco de tantas noches y días de encarcelamiento.

Una carcel sin carcelero, una habitación sin entrada, pero sobre todo, sin salida. Mi cuerpo desnudo sentado en la tierra prensada del suelo, mis uñas clavadas en ella. Las uñas rotas y desbordantes de tierra húmeda, la boca seca y los ojos rojos, carentes de luz solar.

Una sala de la que nunca vi el techo, de la que nuca vi puerta, solo las estrechas paredes surcadas por mis uñas, y esa maldita ventana de mi condena. Aunque duermo, no sueño, solo deseo, pero aquí todo es imposible y mi ilusión se destroza al intentar salir de ésta habitación, golpeándose contra las paredes. Pero lo que más odio, más aún que la ventana, más aún que no soñar, es tener solo los recuerdos austeros y borrosos de un pasado incierto para ocupar tantas horas de soledad, aunque solo provoca dolor, dolor y más dolor. Añoranza, melancolía, ilusión… y una esperanza rota.