Sarya

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domingo, 22 de noviembre de 2009

Aquel puente

El vértigo vuelve a jugarme una mala pasada. Estoy en aquel puente con esa desgraciada altura, aquel puente viejo de tablas tambaleantes, de cuerdas medio desgarradas, pero esta vez no estoy sola, tengo una compañera que no parece tener el mismo vértigo, mira al vacio y me sonrie mientras dice “estoy contigo”. Dos palabras que me devuelven el aliento y la esperanza, algo dificil de entender, porque se supone que es algo que ya se, pero no importa, solo importa que en ese momento cogí aire y di un paso al frente. La madera crujió bajo mi pie y asustada intenté retroceder, pero ella se había puesto en mi espalda, para que no me girase. Me lo volvió a decir esas dos palabras despacio al oido, “estoy contigo”.

Entonces puse paso firme y cerre los ojos, aguantando crujidos bajo mis pies de esos viejos y carcomidos tablones de madera, sintiendo bajo mis dedos aferrados a las cuardas como éstas se tensaban y tensaban. El miedo recorría cada uno se mis capilares, pero en cuanto mi pulso se aceleraba demasiado, a mis oidos llegaban esas dos palabras y me tranquilizaban un poco más.

Por una claustrofobia indeseada y momentanea siento la necesidad de abrir lso ojos, y lo hago, como si me costase respirar y eso lo paliase , vuelvo a mirar al vacio y mis piernas se tensan y, para mejorar la situación, la suave brisa que removia mis cabellos ahora se estaba embraveciendo y agitaba el puente una vez, y otra.

“Estoy contigo”. Fue lo último que oí antesarmarme de valor y salir corriendo para la dirección en la que andaba, pero pocos metros antes me tropecé y caí de bruces al suelo del puente, a las tablas, entonces abrí los ojos y levanté la vista y al final del puente estaba mi compañera, tendiéndome la mano, asi que me levanté y fui andando hacia ella, la di la mano.

Saliendo del puente me di cuenta de lo estupida que había sido… mi alma siempre había estado conmigo.

lunes, 9 de noviembre de 2009

¿Quién no ha querido escribir un libro?

Me desperté sudorosa y sobresaltada en aquellas sábanas infantiles, que a estas alturas de la noche, tenía por los pies. Ese sueño se repetía cada noche, cada vez que cerraba los ojos, aquel callejón, oscuridad y aquel pitido, y después... nada más, solo el sudor, el pánico y unas sabanas infantiles, solo me calmaba una cosa, miraba por la ventana y veía la luz de las farolas tintillear en la oscura noche. Me levánte de mi vieja cama de forja hacia la cocina, el suelo estaba frío y me cubrí los pies. A un paso cuidado y silencioso me acerqué hasta la puerta para comprobar que mis padres seguían dormidos y sin encender luz alguna conseguí llegar hasta la cocina sin tropezarme con las infinitas filas de cajas que se apilaban en mi salón, cogí un vaso del estante y me lo llene de leche fría. Hacía demasiado frío, había demasiada oscuridad, demasiado silencio y mi cabeza creía estallar... cerré los ojos un solo instante y me salí a la terraza con mi bata a beberme mi vaso de leche con la única iluminación de las estrellas y la luna llena.
Nunca me había fijado en como se veían desde mi terraza, hacía tan poco tiempo que era mi terraza... Millones de estrellas rozaban mi pelo y me hacían mirar a mil lugares a la vez, cerre los ojos y pensé solo en ellas, en su belleza, su perfección e imperfección a una vez, su brillo cegador acompañado del resplandor de la luna, que hacían contrastar mas a estas sobre el cielo despejado, un cielo nocturno contaminado por un par de farolas. Fue entonces cuando recordé aquellas palabras "aprecia lo que tienes antes de que sea tarde, todo lo hecharás de menos cuando lo sea" ahora no le veía mucho sentido y solo pensé en lo imprescindible, pero más tarde comprendería que realmente tendría que haber entendido esta frase por aquel entonces, pero ahora, era tarde, estaba lejos de todo aquello, aquello que solo habitaba en mi recuerdo. Esa fue la última noche que pude sentirme de verdad sabiendo quien era.